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jueves, 19 de octubre de 2017

A pasar miedito 1 (sin miedito)

Arcoiris en el Parque de Atracciones
Mirad qué arcoíris más chulo. Si lo hago a propósito,
no me sale.
Como os adelantaba el rey del spoiler Forlán el lunes, este puente teníamos intenciones de viajar pero al churri le confirmaron los días muy tarde (para unas  prisas, con esta gente) y, al final, para organizar un viaje deprisa y corriendo como que era mucho estrés, por lo que propuso quedarnos en Madrid y aprovechar un día para ir al Parque de Atracciones y visitar los pasajes del terror de Halloween. Yo puse cara de “cómo me conoces después de tantos años” y di palmas con las orejas ante la perspectiva.

Así que el sábado pasado nos encaminamos a la Casa de Campo, dispuestos a pasar miedito (reconozco que la última vez que estuve en el Parque de Atracciones yo tenía como 12 años, así que para mí era todo nuevo). Como los pasajes abren por la tarde, aprovechamos la mañana para subir a algunas atracciones (pocas, porque estuvimos como una hora haciendo cola para entrar en Vértigo, que es una montaña rusa pequeñita que está divertida pero tampoco es para tirar cohetes, la verdad. Luego fuimos a La Máquina, que es como una sopera gigante, sujeta por un péndulo, que gira sobre sí misma y se eleva. Está bastante divertida aunque sales con un mareo considerable.

Luego fuimos al Rotor, que son unos avioncitos que suben y dan vueltas. Es una atracción muy tranquilita pero viene bien para ver unas vistas espectaculares de Madrid. Se deben ver mejor desde otra atracción que sube muy alta pero a esa no fuimos (ya para otra vez porque ese día la idea era Halloween) y que no me acuerdo de cómo se llama. Por último, pasamos por las sillitas voladoras porque si yo no me subo a las sillitas voladoras en los parques de atracciones no soy persona y por el Tifón, que es como La Máquina pero vas mirando hacia afuera y la sopera se mueve sobre un raíl curvo. También salí de ahí con un mareo considerable.

Como ya era la hora de comer, fuimos a saciar nuestro apetito. En lo personal, lo sacié con una pizza que tuve que cortar con un cuchillo de plástico que se me terminó rompiendo (y tuve suerte de que algún trozo de plástico no se le clavara en el ojo a otro comensal). El churri se metió entre pecho y espalda una ensalada césar y un bocadillo de lomo con pimientos y sus correspondientes patatas fritas. Una vez con la pancita llena y el corazón contento, ya pudimos dedicar la tarde a pasar miedo.

Y ahora tendría que empezar a relataros los pasajes del terror pero como son muchos y quiero extenderme en las explicaciones, mejor lo dejo para la semana que viene. Sí, ya sé que al final apenas he contado nada pero luego nunca tengo nada interesante que contaros, así que para una vez que me sucede algo emocionante, tengo que exprimir el evento al máximo, así que sed buenecitos y tenedme un poco de paciencia, jolín, que sois muy exigentes.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXXIII: ¿Cuál es peor?

Vamos hoy con uno doble porque no es que sean especialmente cortos pero tampoco tienen tanto argumento como para completar un post entero con uno solo de ellos. No sabría decir cuál de los dos me parece más pesadillesco; ambos son como dos partes de un todo. Es decir, pequeña escenas de una pesadilla aún mayor.

Se trata de anuncios de una popular cadena de tiendas de telefonía. En el primero de ellos (o, al menos, en el primero que vi yo), vemos la imagen de un oso panda. Ohhhh, qué tierno. Tal vez os preguntéis cómo puede parecerme pesadillesco ver un panda. El problema no es el panda en sí, claro está. Los pandas son seres achuchables, sino que les ha dado por doblarlo y siempre hay algo que me da mucha grimita en ver animales hablando como si fueran personas. Lo peor de todo, es que el panda ni siquiera dice cosas lógicas. A ver, que me lío. Centrémonos.

Según dicen en el anuncio, para celebrar los 20 años de existencia de esta cadena de tiendas, la súper oferta consiste en un panda que estornuda los ríos de España. Sí, como lo oís. El panda estornuda y, sobre su estornudo hay un locutor diciendo “Pisuerga”, “Nervión”, “Guadalquivir” y cosas así. También tienen móviles a buen precio, parece. Y en eso consiste el anuncio, parece.

Este era el único que había visto en la pequeña pantalla pero, cuando lo busqué en Internet para analizarlo en profundidad (no es que haya mucho que analizar, ya lo sé), descubrí que hay otro donde vemos a un señor barbudo ataviado con un tutú, que intenta dar pasos de ballet sin dejarse los dientes en el intento.  Según vemos al señor, que da claras muestras de tener menos vergüenza que talento para la danza, nos dan el precio de un teléfono y nos explican que, aparte de la oferta, te ponen también a ese señor para que te entretenga y no te saltes el anuncio. No sé yo si este último objetivo se cumple, la verdad. Si descontamos a los freaks como yo, que andamos buscando a propósito este tipo de anuncios, dudo mucho que alguien en sus cabales se quede voluntariamente viendo a ese hombre dar saltitos con sus mallas.

Así que, como decía, no sé cuál me parece más pesadillesco. El del señor barbudo es de lo más inquietante pero, al menos, nos dan una explicación de qué pinta ahí el señor. Vale, la explicación es traída de los pelos como ella sola pero no deja de ser una explicación, al fin y al cabo. Con el panda ni siquiera nos sacan de dudas. Es casi como decir “sólo teníamos la imagen de un panda estornudando y hemos decidido ponerlo a nombrar ríos de España como podía haber nombrado los ingredientes de una paella”.

Así que decidme en los comentarios qué os parece peor. Poner a un ser bonito sin ningún tipo de argumento o algo no bonito con excusas peregrinas. 

lunes, 16 de octubre de 2017

Crónicas Felinas CCXXX: Ya tenemos una edad

Marrameowww!!!

La semana pasada la bruja y el consorte se pidieron vacaciones para el miércoles y el viernes, a fin de aprovechar el puente del 12 de octubre y estar cinco días haciendo el vago. Se quedaron en Madrid por motivos que ya contará.

No podía yo consentir que los cinco días de vagancia pasaran en paz y tranquilidad; había que darle algo de emoción al asunto, así que el día del festivo opté por dejarles un regalito en el plato de la comida. El regalito era un diente. Sí, un diente. Total, tengo muchos y sabía que yo voy a seguir comiendo estupendamente pero a ellos les valdría para preocuparse.

Como ese día era fiesta, tuvieron que quedarse con la intriga de qué habría pasado hasta el día siguiente, no sin antes recoger la prueba del delito para enseñarla en la clínica al día siguiente. Les faltó recogerlo con pinzas y ponerlo en una bolsita transparente. También pensé que iba a venir el Ratoncito Pérez, lo cual me hacía bastante ilusión porque, en el caso de los felinos, el regalito cuando viene el Ratoncito Pérez es el propio ratoncito. Pero no vino, el muy cobarde.

Reconozco que la parte de tener que ir al veterinario no fue la mejor de mi plan, pero a veces hay que hacer ciertos sacrificios si queremos angustiar a nuestros humanos. Tuve que soportar que una veterinaria (bastante más simpática que el que está por la mañana y se lleva mal con la bruja, todo hay que decirlo), me abriese la boca y me toquetease las encías. Ya que estaba, aprovechó para mirarme las orejas, los ojos, auscultarme y hasta meterme un termómetro por donde no me da el sol. Todo sea por hacer perder tiempo y dinero a los humanos.

El diagnóstico fue que no me pasa nada. Al parecer el diente ya debía de estar flojo de aquella vez que estaba mal de las encías hace un par de años (ya os lo conté y me da pereza buscar la entrada), así que lo terminé perdiendo. Dice la veterinaria que, en realidad, ya había perdido otro del que los humanos ni se habían percatado. Esto me gustó porque así se sienten malos padres, que no están a lo que tienen que estar.

Según dice la simpática (que cada vez me parece menos simpática), tengo las encías bien pero no estaría de más hacerme otra limpieza de boca en enero o febrero. Porca miseria… yo que pretendía salir airoso ahora ya sé que voy a empezar el año teniendo que ver batas verdes. Algo se rumoreó también de una analítica porque, al parecer, uno ya tiene edad de hacerse chequeos periódicos. Lo que tengo es experiencia, qué sabrán ellos.

También coincidió con el veterinario pedante en que estoy un poquito deshidratado por eso de ser bebedor de grifo, así que los convencieron para comprar una fuente pero la fuente da para otro post, así que eso ya os lo cuento la semana que viene.

Prrrrrr.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXXII: De empollón a delincuente juvenil

Este lo vi hace un montón; mi percepción cronológica es de lo más exacta. Se había quedado por ahí perdido en mis apuntes del móvil, que es básicamente una notita donde me voy apuntando las rayadas que veo para que después no se me olviden. Por lo visto, con notita o sin ella las cosas igual corren riesgo de olvidárseme. Conclusión: mi sistema es una bazofia.

El producto en sí mismo ya ha pasado alguna vez por esta sección y consiste en un producto lácteo con cosas maravillosas que sirve para darnos mucha energía y tenernos a tope de power funcionando todo el día. La única diferencia es que, en este caso, es una variante pensada especialmente para los más peques de la casa.

Vemos a un niño con gafitas, ricitos y pinta de empollón (puedo decirlo porque yo he sido una niña con gafitas y pinta de empollona, aunque sin ricitos) sentarse a la mesa de la cocina, presto a desayunar. Su madre le pregunta si está listo para el colegio. El niño pone cara de terror y vemos cómo se imagina (se puede ver una imaginación, sí; es la magia del séptimo arte) sentadito en su pupitre, donde se amontonan montañas y montañas de deberes. Tan altas que atraviesan el techo. Entre las pilas de deberes, una maestra que parece la Señorita Rottenmeier, lo mira con cara de severidad.

Sale al patio y la niña rubia de pelo largo y pinta de niña bien que le gusta a nuestro protagonista, está con un niño con vaqueros ajustados con cadenita y chaleco vaquero sobre camiseta blanca. Conduce una bicicleta modelo “chopper”. Desconozco si esto existe o la han fabricado exprofeso para el anuncio pero es un auténtico horror. Sobre todo porque, en lugar de llevar pintadas unas llamaradas o algo así, lleva una especie de estampado de leopardo que le da un aire bastante choni y hace que el modelo “chopper” se convierta en modelo “chopped”. A las niñas bien siempre les han gustado los malotes (si es que a esto se le puede llamar “malote”).

En clase de karate o de taekwondo o lo que sea, el profesor decide que el contrincante del pobre niño sea el más grandote de la clase, que no parece tener especial predilección por nuestro infante.

Ante semejantes perspectivas, el niño vuelve a la realidad y se toma el mejunje. El cambio es asombroso. Cruza el jardín sin importarle mojarse con los aspersores, ataviado con una chaqueta dorada y gafas de aviador que hubiesen hecho la delicias de Tom Cruise cuando “Top Gun”. La madre observa orgullosa desde la ventana cómo su hijo se ha convertido en un macarra y, al verlo de espaldas, comprobamos con horror que en la parte trasera de la chaqueta lleva estampado un dragón chino que, para más inri, tiene alrededor de su silueta una especie de neones que se encienden y se apagan al mejor estilo club de carretera.

Lo que cualquier madre desearía para su churumbel.

lunes, 9 de octubre de 2017

Crónicas Felinas CCXXIX: Fue peor el remedio

Marrameowww!!!

Como os adelantaba en el capítulo anterior, Munchkin había sentido un deseo irrefrenable de comer hierba y, ante su ausencia en este nuestro hogar, nuestros humanos salieron disparados a comprar, no sea cosa que el imberbe sienta algún tipo de carencia afectiva que le genere un trauma irreparable de por vida. Para que después digan que el mimado soy yo. No tenéis ni idea del infierno en el que vivo.

Pensaron los pobres ilusos que comprando las semillas, plantándolas y dejando crecer la planta para deleite del interfecto, el problema quedaría resuelto y podríamos recuperar la escasa paz que reina en esta casa.

Pero nada más lejos de la realidad porque la adquisición de las semillas no trajo sino problemas añadidos. Ya sabemos que los humanos no tienen muchas luces por lo que el consorte, en lugar de dejar la bandejita plástica en la habitación prohibida de los secretos misteriosos (que es como llamamos nosotros al cuarto de invitados porque nunca nos dejan entrar ahí por si viene de visita un alérgico; porque piensan los muy atolondrados que habrá alguien deseando verlos), la deja en lo alto del mueble del salón, que es donde estar.

El resultado es de fácil deducción. Mi compañero de batalla se ha pasado días desquiciado, mirando hacia arriba y maullando, desoyendo los comentarios acerca de la paciencia que supone la agricultura.

Creció. Un poco. Dicen los humanos que lo suyo sería esperar un poco más pero columbro que ya empezaban a estar un poco hartos de tanto maullido sin sentido.

Y aquí viene otro problema más. A mí no me vuelve especialmente loco esa planta pero me gusta, así que si la bajan para que la engullamos, yo también quiero engullir. Pero Munchkin desconoce el verbo “compartir”, por lo que su técnica consiste en apoyar la pata encima de la planta para no dejarme libre ningún hueco sobre el que pueda yo ejercitar mi mandíbula. Lo único divertido viene cuando los humanos intentan retirarnos la bandeja y el imberbe tira arañazos a diestro y siniestro para evitar que se la lleven. No lo consigue nunca pero, al menos, desparrama por el suelo una cantidad interesante de tierra y hasta alguna semilla no eclosionada, lo que les obliga a barrer más veces de las deseadas (el número de veces deseado es cero, por si lo dudabais).

Pero, quitando ese momento, he de decir que me fastidia que no me deje comer. Yo soy muy bueno pero hasta que me tocan el hocico. Así que me peleé con él. Últimamente andamos a la gresca todo el día. Bien sé yo los motivos pero no los desvelaré porque luego la bruja me lee y prefiero que viva comiéndose el tarro, pensando si la culpa la ha tenido ella por mala madre.

Torturar a la bruja ya cansa porque supone mucho ejercicio de imaginación, así que he optado por dejar que se auto-torture y así ya me da el trabajo hecho.

Ser maquiavélico y vago no son cualidades excluyentes.

Prrrrrr.