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jueves, 17 de agosto de 2017

Vacaciones tranquilitas I: No empezamos tan tranquilitos

Relaxing cup of café con leche en Tenerife
Como ya viene siendo costumbre en este blog, comenzamos hoy con las crónicas vacacionales porque ya son un clásico.

Este viaje ha sido diferente a otros que os he relatado. ¿Por qué? Pues porque, sinceramente, estaba yo tan agotada que le dije al churri que pasaba de más viajes que consistieran en estar todo el santo día pateando ciudades y/o parques de atracciones. Que quería tumbarme a la bartola y descansar. No hacer nada. Que mi mayor estrés fuese elegir qué bikini ponerme o si bajar a la playa o a la piscina. Así que la elegida fue La Gomera y permitidme que os diga que, si buscáis un sitio donde disfrutar de paisajes preciosos y hacer el vago, este es vuestro sitio.

El primer día no es que haya sido muy relajado, la verdad, partiendo de la base de que tuvimos que levantarnos a las cuatro de la mañana porque el vuelo salía tempranito. Recuerdo que uno de mis primeros pensamientos fue que mandaba narices tener que madrugar más que un día de trabajo para irme a descansar pero en fin, todo esfuerzo tiene su recompensa.

Durante el trayecto al aeropuerto el pobre churri venía comentando que no se sentía bien del estómago y al final cayó rendido por culpa de un corte de digestión que empezó en el aeropuerto y no terminó hasta tocar suelo canario.

Recuerdo que estábamos en la puerta de embarque que nos habían asignado y allí ni aparecía nadie ni anunciaban en el panel sobre la puerta nuestro número de vuelo (ni ningún otro). Dado que en Barajas siempre dicen que no se avisa por megafonía y que hay que estar atento a los paneles, fui a dar una vuelta por ahí buscando paneles informativos pero a mí que me digan dónde están los dichosos panelitos en la T2 porque no vi ni uno. Al final le pregunté a la de la puerta de embarque de al lado, que llevaba horas llamando a pasajeros rezagados de un vuelo a Bilbao, y me dijo que habían cambiado la puerta de embarque y nos dirigimos a la que nos dijo la muchacha donde, esta vez sí, estaba puesto nuestro número de vuelo y había cola de gente para embarcar. Se ve que éramos los únicos pavos que no se habían enterado del cambio de puerta (ellos sí habrían encontrado los paneles misteriosos).

Con todo ese estrés acumulado nos subimos al avión pero creo que se me empezó a pasar cuando, al llegar al aeropuerto de Tenerife, tuvimos nuestra primera interacción humana con un canario; el chico de la agencia que tenía que llevarnos al puerto para coger el Ferry. Qué cosa más maja de muchacho, oye. El churri le preguntó si le daba tiempo a ir a comprar una botellita de agua y el muchacho dijo que sí, que habíamos llegado incluso antes de la hora y que así él aprovechaba para pedir un cafecito. El churri, que se vio en racha, le dijo “pues ya si nos podemos echar un cigarrito, sería estupendo” y el chico dijo que entonces comprábamos el agua, el café y nos fumábamos el cigarrito en el aparcamiento. No nos dejó pagar ni nuestra agua. Qué cosa más maja de muchacho. Durante la hora que duró el trayecto hasta el puerto, nos estuvo contando muchas cosas con ese acento tan divino que sólo los canarios tienen y nos recomendó esperar el Ferry cómodamente tomando un café en una terraza que está en la planta de arriba.

Dejamos las maletas en los carricoches de equipaje que suben posteriormente al Ferry y nos fuimos a la famosa cafetería. Al ver las vistas desde allí, se me pasó todo el estrés y creo que hasta el estómago del churri volvió un poco a su ser, pudiendo tomarse su cafecito. Aproveché para mandarle a mi madre la foto que ilustra el post (está sacada con el móvil en vertical, lo siento por eso y por el cubo de basura que se aprecia en primer plano pero aun así ni lo uno ni lo otro desmerece el paisaje).


Finalmente, embarcamos en el Ferry…

Vista del Puerto de los Cristianos desde el Ferry
El Puerto de Los Cristianos desde el Ferry

Vista del Puerto de los Cristianos
También el puerto, pero para el otro lado

Ferry a San Sebastián de La Gomera
Yo, meditando (o muerta de cansancio)

Vista de Tenerife desde el Ferry
Dejando Tenerife


Y, cuarenta minutos más tarde, habiendo visto delfines y todo, llegábamos a San Sebastián de la
Vista de San Sebastián de La Gomera desde el mar
Llegando a San Sebastián de la Gomera
Gomera donde otro taxista nada hablador nos llevó por una carreterita llena de curvas hasta Playa Santiago, que era nuestro destino final. El pobre churri durmió toda la tarde mientras yo deshacía el equipaje y nos dedicamos a descansar. No habíamos empezado con muy buen pie pero yo estaba segura de que al día siguiente todo mejoraría.

Y así fue, palabrita de Álter. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXIV: ¿Cómo osa ese oso?

Alguna vez he hablado de este oso y vais a pensar que soy una especie de ser malévolo de cuento infantil pero este oso es un icono de mi infancia, casi como Espinete y, por tanto, no me entra en la cabeza cómo ese ser otrora dulce, tierno y achuchable se ha convertido en esto que hoy relato.

En esta ocasión, se congrega junto a la lavadora una familia entera, incluyendo al oso, que parece que ya es parte del grupo familiar y debe estar empadronado en el domicilio. Lo primero que nos dicen es que nos demos cuenta de cómo ha disminuido el tamaño de la botella de suavizante (por si aún no sabíais de qué oso hablábamos). Una vez dicho esto, vemos cómo el oso se minimiza, convirtiéndose en osito.

Pero el osito recupera su talla (incluso lo aumenta) cuando, al abrir la lavadora, salen de dentro millones de pétalos que lo inundan todo provocando que toda la familia, más el oso, comience a bailar a lo loco dando saltitos como si estuvieran en una rave hasta arriba de algo. Algo como ácido lisérgico, podríamos decir por ese look sesentero con el que se ven todos tras esta explosión floral.

Y el frescor no solamente dura el momento en que abres la puerta de la lavadora, no. También se siente al abrir la puerta del armario. Para ilustrarlo, vemos nuevamente a la familia moviendo las rodillas como en una parte de la coreografía del Aserejé. Eso sí, los pétalos alucinógenos siguen flotando en el ambiente.

Nos dicen que el frescor sigue y sigue y ahí ya se vuelven completamente locos y los vemos bailando junto a la cuerda de tender del jardín; en el aparcamiento; en la cancha de basketball… En los últimos compases de la canción bakaleta que adorna musicalmente el anuncio vemos que la madre ya está dándolo todo y agita los brazos y la cabeza como si tuviera el mal de San Vito.

Por último, nos enseñan las tres fragancias disponibles. Desconozco si todas causan los mismos efectos o si van variando en función de la botella elegida. En el anuncio la protagonista es la roja. Si queréis, id probando con otros y luego me contáis si también habéis flipado en colores.

Así que reitero mi indignación. El osito del suavizante era la mascota que todos queríamos tener en casa y ahora es un oso gigante y drogadicto que se pasa la vida de fiesta. Se ha convertido en un nini en toda regla. Ya no me dan ganas de tenerlo en casa, que para sacarme de los nervios ya bastante tengo con mis felinos cuando llega la hora del gato loco, como para tener que hacerme cargo también de un oso adicto a oler suavizante.

Por cierto, no he encontrado en TúTubo la versión española; únicamente la italiana (que es igual pero en italiano) y me ha hecho mucha gracia cómo se llama el osito en el país de la bota.

Googleadlo y veréis.

lunes, 14 de agosto de 2017

Crónicas Felinas CCXXI: Desempolvando

Marrameowcofcofcof…

Sabréis disculpar el acceso de tos (o no, me es indiferente) pero es que esto ha estado cerrado un mes y no veáis la de polvo que se ha juntado. Y claro, como la bruja me explota y siempre me encomienda a mí la tarea de reabrir el chiringuito tras períodos vacacionales, no es ella la que tiene que aguantar la alergia y el picor de ojos. Para eso estoy yo, claro. Parece que aún no se da cuenta de que, si este blog es algo, es sólo gracias a mí.

Pues sí, ha pasado un mes. Teníamos intención de retomar esto el día 7 de agosto pero como, repito, el encargado de hacerlo era yo, me pudo la vagancia felina, me quedé un poco traspuesto y, para cuando he vuelto a abrir el ojo, resulta que ya estamos a 14.

Las vacaciones bien (las mías; las de la bruja ni idea pero estoy segura de que ya nos atomizará ella relatando estupideces). Nosotros las pasamos en Albacete, como ya es costumbre. No disfrutamos nada del viaje pero sí de la estancia. A decir verdad, yo durante el viaje me dedico a esconderme bajo la toallita que coloca la bruja en el transportín y así paso desapercibido en modo camuflaje pero el imberbe se  hace notar. Se enfada con el mundo y quiere que todos se enteren de su indignación. Lo peor fue en el taxi hasta la estación de tren. Qué pulmones, gente. En la vida había escuchado yo maullidos tan ensordecedores a la par que prolongados. Hasta el taxista se compadeció de él y comentó “pobrecito; si es que estará nervioso”. Pobrecito yo, que encima que me porto extremadamente bien tengo que estar escuchando al otro maullándome en la oreja. Qué jaqueca, madre…

En el tren maulló un poco al llegar pero a los cinco minutos se calló. Creo que porque en el mismo vagón había un bebé que también gozaba de buenas cuerdas vocales y tal vez pensó que su arte maullador no iba a ser suficientemente bien apreciado. Eso, o que se dio cuenta de que sería el rival más débil en la contienda y decidió dejar de esforzarse. Creo que al final se durmió.

Pero en fin, al llegar a Albacete ya se le pasaron un poco los males. Bebimos agüita, comimos jamón del bueno y revisamos toda la casa para comprobar que estaba todo como lo habíamos dejado tras nuestra última visita.

De todas formas, a él le cuesta recuperarse de los disgustos, como ya os contaba en el post anterior. Que estuviese un poco más tranquilo no significa que estuviese tranquilo del todo así que, mientras yo dormía una siesta de órdago, él estuvo maullando todo el día y parte de la noche. Yendo de allá para acá y venciendo al sueño pese a que se le cerraban los ojos de cansancio cada vez que se sentaba.

Eso sí, al día siguiente durmió como un bendito. Ni enterarnos de que estaba allí, oye.

Prrrrrr.

jueves, 13 de julio de 2017

Porque me lo he ganado

Sé que lo estabais intuyendo aunque os diese miedo expresar vuestros temores en voz alta pero, aunque no queramos atraer a la desgracia, lo que está en el destino está en el destino y no podemos alejar el mal a base de no nombrarlo.

Sí, queridos y queridas, lectores y lectoras, personas y personos: Me voy de vacaciones. Me da mucha pena dejaros abandonados pero mi cuerpo necesita relax y descanso y pasar de todo por unas semanas. Bueno, vale, no me da ninguna pena, estoy feliz de la vida porque por fin han llegado mis ansiadas vacaciones de verano.

Que sí, que tuve vacaciones en primavera y planeo tener más en invierno pero las de verano son las de verano y son las que más deseamos en el mundo mundial.

Volveré, como siempre. Supongo que el  7 de agosto pero si vuelvo el 14 porque necesito una semana más para liberarme de la depresión postvacacional tampoco llaméis a un equipo de salvamento.

Vosotros estaos atentos que ya veréis cómo aparecemos.

Pasad muy feliz verano los que estéis en el hemisferio norte y que os trate bien el invierno a los del sur. Lo importante es ser felices y comer perdices.

O lo que haya en la nevera. 

miércoles, 12 de julio de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXIII: ¿Esto cómo se reclama?

Tal vez alguien piense que me estoy cebando con los anuncios de coches. Es más, tal vez alguien piense que me estoy cebando con los anuncios de una marca de coches en concreto pero es que cada vez que sacan uno nuevo yo me quedo con cara de WTF y tengo la necesidad imperiosa de compartirlo con vosotros.

En este caso, vemos una vista aérea de un pueblecito de lo más idílico. O eso pretenden hacernos creer porque, si miramos atentamente, se nota que el pueblecito idílico está hecho por ordenador y consiste en una iglesia, una casa más grande que el resto, que debe ser la del rico del pueblo y un montón de casas exactamente idénticas colocadas por filas. Eso sí, con mucho verde alrededor y un lago al fondo.

Suena “Close to you” de los Carpenters y, en nuestra vista de pájaro, vemos… pues justamente eso: un pájaro. Una cigüeña, para ser más exactos. La cigüeña en cuestión, para no faltar a la tradición, porta en su pico una sábana blanca con algo en su interior. Aterriza y, en la entrada de una casa, deposita la sábana que oh, sorpresa, resulta llevar un bebé.

La cigüeña se da la vuelta, presta a dar por concluida su jornada laboral cuando, de repente, ve un coche en la entrada de la casa de enfrente. Un coche que, si bien no llega a ser un monovolumen, se intuye que es espacioso. Así que, ni corta ni perezosa, recoge nuevamente la sábana y su pueril contenido y lo lleva a la casa del vecino, suponiendo que el bebé estará mejor atendido en esa casa, mientras un rótulo nos anuncia que están dejando sitio para la nueva generación.

Y si yo fuera la jefa de la cigüeña la despediría ipso facto. ¿Qué clase de empleado irresponsable deja un paquete en la dirección que no es basándose únicamente en su opinión personal (o avícola)?

¿Acaso le da igual romper el corazón a la familia sin coche que esperaba su paquete con ilusión? ¿Y si son unos hippies ecológicos que querían llevar al bebé en bicicleta o andando, que viene muy bien para las piernas, o en autobús, que viene muy bien para relacionarse y fortalecer el sistema inmunológico? ¿Acaso no tienen derecho?

¿Y si la familia del coche espacioso no quiere niños? A lo mejor se han comprado un coche espacioso simplemente para poder llevar con comodidad sus bártulos de esquí en temporada invernal.

A mí esto me ha dado mucho miedo. ¿Y si un día una cigüeña que a todas luces no sabe hacer su trabajo me deposita un bebé en la puerta? ¿A quién reclamo? Porque no veo que las cigüeñas lleven en las patas un cartelito con la frase “¿Qué tal reparto?” al estilo del “¿Qué tal conduzco?” que llevan los camiones americanos, con el número de atención al cliente.

Voy a tener que poner un cartel aclaratorio en la puerta. Algo como “Prohibido dejar bebés. Responsable: la empresa repartidora”.